martes, 3 de mayo de 2016

Alimentación en la adolescencia

La adolescencia, transición entre la infancia y la vida adulta, es una etapa de grandes cambios, en la que constantemente nos encontramos en una montaña rusa emocional.

Durante este tiempo, al igual que en los primeros años de vida, acontece un rápido crecimiento, en este periodo el individuo llega a alcanzar, prácticamente, su crecimiento máximo, a esto se une un desarrollo “emocional” e intelectual, por tanto es una etapa muy compleja que merece una especial atención desde muchos sectores.

La alimentación va a jugar un papel crítico en el desarrollo del adolescente y una dieta inadecuada puede influir desfavorablemente sobre su crecimiento y su maduración sexual.

Uno de los objetivos fundamentales, desde el punto de vista nutricional, en la alimentación del adolescente, además de conseguir un crecimiento adecuado, es evitar posibles déficits de algunos nutrientes determinados.

Necesidades de energía y nutrientes


Las necesidades de nutrientes son superiores a las de otras etapas de la vida debido a la elevada velocidad de crecimiento y a los continuos cambios. Durante este periodo se debe asegurar un aporte calórico suficiente, esto supondrá en chicos: 13-15 años 2750 kcal y 16-19 años 3000 kcal, y en chicas algo menos: 13 a 15 2500 kcal y 16-19 2300 kcal, este aporte permitirá un crecimiento adecuado, el mantenimiento de un peso saludable y debe incluir una proporción correcta de macronutrientes –proteínas, grasas e hidratos de carbono-. Con una proporción correcta quiero indicar que la energía que proporcionen las proteínas sea entre el 10 y 15% de las necesidades diarias, la aportada por los hidratos de carbono entre el 50 y 60% y por la grasa entre el 30 y el 35%, si tomamos como ejemplo un chico de 17 años que necesite 3000 kcal, las proteínas deben aportar entre 300 kcal y 450 kcal, los hidratos de carbono entre 1500 kcal y 1800 kcal y las grasas entre 900 kcal y 1050 kcal.

Rechazo de los patrones familiares


La “maduración emocional” que se produce en este período suele afectar a los hábitos alimentarios de los adolescentes, el frecuente impulso hacia la independencia suele originar el rechazo de los patrones dietéticos familiares.

Trastornos de la conducta alimentaria


Por otro lado, los deseos del adolescente por cambiar a un ideal de proporciones corporales, a un ideal de belleza, pueden conducirlo a realizar modificaciones en sus dietas que quizá tengan consecuencias negativas. Por ejemplo, los aumentos rápidos de peso, que acompañan al desarrollo de las características sexuales secundarias, pueden originar en muchas mujeres jóvenes la restricción de la cantidad de alimento que ingieren o el incrementos de la actividad física o incluso pueden comenzar conductas purgativas para el mantenimiento del peso. En el caso de los chicos el deseo de obtener las dimensiones deseadas también puede provocar el consumo suplementos nutricionales con la esperanza de lograr el aspecto muscular de los adultos.

Existe el riesgo de que estas prácticas conduzca un verdadero trastorno de la conducta alimentaria, aunque la etiología de estas enfermedades tiene un componente mental- psiquiátrico- fundamental. Todo esto durante un período en el que el crecimiento es muy acelerado puede tener consecuencias negativas como incrementos de altura inferiores a los que corresponderían genéticamente, menor masa ósea de la esperada o retrasos en la pubertad.

Por ello, creo que es un trabajo de toda la sociedad el dejar de ofrecer estas imágenes de belleza ideales, tan alejadas de una imagen real, ya que, uno de los problemas en esta etapa es la prevalencia de trastornos de la conducta alimentaria como anorexia y bulimia. Estos nuevos ideales de belleza de la sociedad occidental, promocionados por los medios de comunicación, incitan a muchos jóvenes a restringir drásticamente la ingesta de alimentos, lo que conlleva una clara malnutrición y, lamentablemente en ocasiones a la muerte.

En el otro extremo, la obesidad en adolescentes es un serio problema en la mayoría de los países industrializados, debido, particularmente, a que conduce a sobrepeso y obesidad en el adulto. A menos que se consiga una disminución de la ingesta de grasa y de energía total y un incremento de la actividad física, la obesidad será un problema aún más serio en el futuro.

Factores que influyen en la alimentación del adolescente


El comportamiento alimentario del adolescente va a estar determinado por la influencia de numerosos factores externos (familiares, amigos, valores sociales y culturales, medios de comunicación, conocimientos nutricionales, experiencias y creencias personales, etc.) e internos (características y necesidades fisiológicas, imagen, preferencias y aversiones en alimentación, desarrollo psico-social, salud, etc.). Todo ello regido por la necesidad de afirmar la propia identidad, aunque sea a costa de rechazar la alimentación familiar y elegir otros tipos de dieta, lo que puede dar lugar a numerosos y frecuentes errores, preocupantes, especialmente, si se prolongan durante mucho tiempo.

Pese a todos estos problemas y muchos que no hemos mencionado, la adolescencia es una etapa ideal para consolidar los hábitos de vida y alimentarios correctos, que hemos iniciado en la infancia y conseguir un buen estado de salud en la etapa adulta.

Bibliografía

Moreiras O, Carbajal A, Cabrera L, Cuadrado C. Tablas de composición de alimentos. Ediciones Pirámide. 17ª edición. 2015.
López Sobaler A, Varela P. Nutrición del adolescente y del joven. En: Nutriguía. Manual de Nutrición Clínica en atención primaria. Editorial Complutense. Madrid. 2000.
 
Serra L, Aranceta J. Alimentación infantil y juvenil. Estudio enkid. Masson. 2002.
Marugán JM, Monasterio L, Pavón MP. Alimentación en el adolescente. Asociación Española de Pediatría. https://www.aeped.es/sites/default/files/documentos/alimentacion_adolescente.pdf. Consultado 03/05/2016.